miércoles, 15 de abril de 2015

Vecinos Nicolasromerenses conservan tradición de Semana Santa

Miles de personas participaron esta Semana Santa en las representaciones del Vía Crucis en diferentes colonias y pueblos de Nicolás Romero. Como se realiza desde hace décadas, los "Jesucristos" recorrieron las principales calles en medio de cánticos y rezos, antes de ser "crucificados" junto con Dimas y Gestas.




SAN ILDEFONSO
Foto: Mire-fantoche Roa



TRANSFIGURACIÓN
Foto: Rözz Dë Nëzëgä




SAN ISIDRO
Foto: China Gordita Cariñosita





BARRÓN
Foto: Lawis Ross




SAN ILDEFONSO
Foto: Rafael Torres



VICENTE GUERRERO
Foto: Gerardo de Erbalaif



EL VIDRIO
Foto: Liliana Mendoza





Psique y Economía

Por: Jonathan Carbajal Vega



En mi tesis de Licenciatura hablo sobre el cáncer de riñón desde el punto de vista de la medicina china, y hablo sobre los efectos que produce una emoción determinada (en este caso el miedo) sobre un órgano en específico (el miedo actúa sobre los riñones y la vejiga), entonces se preguntarán para qué hablo de esto y cuál es su relevancia. Sencillo, hablaré de cómo el salario mínimo afecta la calidad de vida del mexicano y además se hereda a las siguientes generaciones. También me propongo hablar un poco de las consecuencias que traería a la psique humana un aumento al salario y una regulación salarial en el país. Para empezar, Psique es una palabra de origen griego (Ψυχή= Alma). 

Dentro de esta definición no es sólo el alma tal y como la concibe la tradición judeocristiana, sino todo lo que implica el interior del hombre como son los pensamientos, las emociones, los delirios, su subjetividad, etc..., y es seriamente afectada por la economía. Seguramente alguno de los que leen este artículo sufre de gastritis o agruras, etc; come grasas, picante, azúcar, bebe cerveza o cualquier otro licor. Pues esta manera de comportarse no es casualidad y en una investigación encontramos que la emoción que más predomina entre los mexicanos es el enojo, después la ansiedad y por último la tristeza. Esto es la consecuencia de la “forma de ser del mexicano” , un mexicano conformista, siguiéndole en segundo lugar el mexicano dominado por la iglesia (que los mismos mexicanos percibieron en esta encuesta como aliado del gobierno) y también a causa de la corrupción e impunidad Mexicana, (Carbajal, Rodríguez y Zúñiga, 2013) este último (la corrupción e impunidad) y el “mexicano conformista” obedecen a la pobreza y esta manera de comportarse del mexicano afecta directamente a ciertos órganos dentro de nuestro cuerpo.



De acuerdo a la medicina china, las emociones afectan a ciertos órganos de nuestro cuerpo y piden ciertos sabores. La relación es la siguiente:

a) Enojo: órgano: estómago, corazón e intestino delgado
Sabor: amargo (cerveza, licores y café)
Elemento: fuego
b) Ansiedad: órgano: estómago y bazo
Sabor: Dulce (refrescos,etc., )Grasas (tacos, birria, etc) * implicaciones (la diabetes por ejemplo)
Elemento: tierra

c) Tristeza: órgano: Pulmón, corazón e intestino grueso
Sabor: Picante (Menú Mexicano)
Elemento: Metal

Esta última emoción se relaciona también con la inspiración y la justicia, no es de extrañarse que este menú alimenticio se transmita de generación a generación sino también la emoción, dicha propiedad la tenemos presente todos los seres humanos y se encuentra almacenada en los riñones. Entonces, explicado el punto anterior, quiero comentar cómo un buen salario podría mejorar nuestra calidad de vida, y es simple: el estrés, que es conocido por todos, afecta principalmente al estómago, irritándolo y generando gastritis o colitis porque ya sea que la renta se venció o porque no alcanza a cubrir los uniformes, útiles, luz, agua, etc. Un empleo cuyo salario sea mejor remunerado, si bien no sirve para desaparecer las enfermedades psicosomáticas, si ayudarán a disminuir la cantidad de sujetos con problemas de obesidad y diabetes. Esto se traduce en una mejor calidad de vida. Y para reforzar esto, el mismo artículo 123 constitucional en el apartado IV menciona: “El salario debe ser lo suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural” Por ello, psicológica y físicamente un buen salario no sólo es justo ¡sino necesario!

viernes, 10 de abril de 2015

Próximos galardonados "Agua de la Tierra"



Paulina García


Paulina García nació el 13 de Octubre de 1990 en Nicolás Romero. A los 3 años de edad inició sus estudios en danza clásica en el Instituto Plávlova. A la par de sus estudios universitarios en actuaria financiera, asistió a diversos estudios de danza en distintas disciplinas como danza clásica, danza contemporánea, jazz lírico, jazz funk, hip-hop, danza aérea, entre otras. Formó parte de la compañía de Danza UNAM en danza aérea y del grupo coreográfico de danza contemporánea de Vicente Silva Sánjines.
En 2005, ya como profesora, comenzó a impartir talleres de iniciación a la danza. Desde 2007 trabaja en la casa de cultura Carlos Castillo Pedraza de San Ildefonso, al frente de dos grupos de nivel básico para distintas edades. También en el 2007 ganó el concurso internacional Corpórea del CIAD UNESCO en la categoría de jazz lírico en dueto.
En Octubre de 2011 abrió la primera escuela de Danza Aérea en Nicolás Romero, escuela que hoy cuenta con cerca de 50 alumnos, y en 2014 dio apertura a otro grupo especializado en el jazz, en el pueblo de Barrón.
A lo largo de 9 años de trayectoria en la danza, han pasado por sus salones alrededor de 400 alumnos. Además, sus grupos de danza han participado en exhibiciones dentro y fuera del municipio, sin olvidar mencionar que ha coreografiado y dirigido 3 producciones originales (Vuelo en éxtasis, La vuelta al mundo en 80 minutos y El lado obscuro de la luna).
Personalmente tiene la convicción de que la educación en las artes es necesaria para lograr una población culta y exitosa. La misión de sus escuelas es, además de difundir las artes escénicas en la comunidad, convertir a niños y niñas en grandes artistas y en personas de éxito con una visión social más amplia y enriquecedora. Su filosofía se resume en 3 palabras: “Imaginar, Innovar, Inspirar”.


Karlos Nuñez





Karlos Nuñez nació el 14 de febrero de 1985 en Coyoacán, y desde muy chico desarrolló aptitudes para la pintura. Luego de haber tomado distintos talleres, inició sus estudios de nivel medio en el centro de capacitación artística Frida Kahlo y, posteriormente, prosiguió con ellos a nivel superior en el centro nacional de las artes.
En una búsqueda constante de innovación, Nuñez encontró un camino en el arte abstracto para el perfeccionamiento de su obra que, gracias a la técnica obtenida, delimita los sentimientos que quiere expresar, plasmándolos con colores intensos, mismos que ,en términos fundamentales, son muestra de un trabajo experimental que no limita nunca la conciencia del espectador. Asimismo, cuenta con más de 60 exposiciones, tanto individuales como colectivas, en diferentes estados del país y también en el extranjero.

Pero sus aptitudes artísticas no se limitan a la pintura, su gusto por las artes escénicas lo ha llevado a incursionar también en el teatro. Ha participado en diferentes obras teatrales, televisión y en cortometrajes. La proyección experimental del arte es para él de vital importancia, pues en ella encuentra la consolación entre el gusto del público y la renovación constante y libre que posee el arte.

jueves, 9 de abril de 2015

Cara de luna - Jack London



La cara de Juan Claverhouse era un fiel trasunto de la luna llena; ya conocen ustedes el tipo: los pómulos muy separados, la barbilla y la frente redondas, hasta confundirse con los rubicundos mofletes, y la nariz ancha y corta, como una pelota de pan aplastada en la pared, ocupando el centro de la circunferencia.
Quizá fuera ésta la razón del odio que sentía por él; su presencia me resultaba insoportable, y lo conceptuaba como una especie de mancha sobre la tierra. He llegado a creer que mi madre, durante el embarazo, tuvo algún antojo, algún motivo de resentimiento con la luna; qué sé yo...
Sea por lo que fuere, lo cierto es que yo lo odiaba, y no debe creerse que él, por su parte, me había dado motivo alguno, por lo menos a los ojos del mundo; pero la razón existía, no cabe duda, aunque tan oculta, tan sutil, que no encuentro palabras con que poder expresarla. Todos conocemos esta clase de antipatías instintivas; vemos por primera vez a un desconocido, a una persona cuya existencia ignorábamos y, sin embargo, en el momento de verla decimos: “No me gusta ese hombre o esa mujer”. ¿Por qué no nos gusta? ¡Ah! Lo ignoramos; no sabemos sino que es así, que nos cae antipático; eso es todo. Tal fue mi caso con Juan Claverhouse.
¿Con qué derecho era dichoso un hombre semejante? Nunca vi optimismo como el suyo; siempre risueño, siempre contento y siempre encontrándolo todo bien, ¡maldita sea!...
No me importaba nada la alegría de los demás; todo el mundo puede reír, hasta yo... antes de conocer a Claverhouse; pero la risa de éste, aquella risa, me irritaba, me enloquecía, me ponía furioso, fuera de mí... Era una pesadilla constante, a la que no podía sustraerme, un demonio maldito, cuyo abrazo infernal me ahogaba. ¡Qué risa! Estentórea, homérica, gargantuana; despierto o dormido, su vibrante sonar me arañaba el corazón como con las púas de un peine gigantesco. La oía al despuntar el alba, a través de los campos, y sus ecos me robaban las delicias de un plácido despertar; la oía bajo el cielo clarísimo del mediodía, cuando la Naturaleza entera parecía dormir borracha de luz y de calor, y sus “¡ja! ¡ja!” se elevaban sonoros en el silencio de los valles; y la oía en medio de la noche, en que me despertaba el irritante chasquido de aquella risa diabólica, haciéndome dar vueltas en la cama y clavarme las uñas en las palmas de las manos, en un paroxismo de rabia impotente.
Más de una madrugada me levanté con el único objeto de desparramar sus rebaños por las campiñas sembradas, y sólo conseguí escuchar otra vez, por la mañana, su eterna risa, mientras los congregaba de nuevo en sus rediles.
-Pobres bestezuelas -decía-. ¡No tienen culpa, al ir donde su instinto las lleva, buscando mejores pastos!...
Tenía Claverhouse un perro que atendía por Marte, un hermoso animal, mezcla de mastín y galgo, con rasgos característicos de ambas especies. Marte, más que su perro favorito, era casi un amigo para él, y siempre se les veía juntos.
Después de una paciente espera, llegó el día y la hora de poner en práctica mi maquinación. Con halagos atraje al animal, y un pedazo de carne con estricnina hizo el resto, aunque perdí mi tiempo y mi habilidad de una manera lastimosa, pues la risa de Juan siguió siendo tan frecuente como antes y su cara se parecía cada vez más a la luna llena.
Entonces prendí fuego a sus trojes y a sus graneros, y a la mañana del día siguiente, que era domingo, lo encontré tan alegre como de costumbre.
-¿Adónde va? -le pregunté cuando nos cruzamos.
-A pescar truchas -me dijo contentísimo-; me entusiasma la pesca.
¿Ha existido jamás un hombre semejante? Sus trojes y sus hórreos no estaban asegurados -lo sabía-, y el incendio había convertido en humo su fortuna; pero allá iba, lleno de regocijo, en busca de una cesta de truchas, simplemente porque “le entusiasmaba la pesca”.
Si en aquel momento hubiera visto en su cara la expresión de la pena, por poca, por ligera que ésta hubiera sido; si la cara se le hubiese alargado, perdiendo aquel aspecto de luna llena, quizá le habría perdonado el crimen de existir; pero, por el contrario, la desgracia parecía aumentar su alegría.
Lo insulté a propio intento, y no vi en su cara signo alguno de despecho; todo lo más, un gesto de sorpresa bondadosa.
-¿Pelearnos?... ¿Y por qué? -me preguntó con lentitud, y añadió, echándose a reír-. ¡Ja,ja! ¡Qué gracioso es usted! ¡Ja, ja!... De verdad, me hace usted muchísima gracia.
¿Qué hacer? La cosa era horrible, inverosímil, inaguantable... ¡Cómo lo odiaba, Dios poderoso!...
Luego, aquel nombre: Claverhouse. ¿Por qué Claverhouse? Me hacía la pregunta mil veces. No me hubiera importado que se llamara Smith, Brown, Jones; pero... ¡Claverhouse!... ¿Es posible que exista alguien con semejante nombre? “No”, me responderán ustedes, y “no", me respondía yo mismo.
Pensé en su hipoteca y en la imposibilidad de que la pagara, cuando sus cosechas se encontraban destruidas. Bien pronto encontré un prestamista astuto e inhumano que se quedó con todos los créditos, y aunque yo no figuré para nada en la transacción, pude, por medio de este agente, forzar el vencimiento, para tener el gusto de avisar a Claverhouse de los pocos días (ni uno más de los que marca la ley) que le restaban para abandonar la casa y la finca donde había vivido durante veinte años.
Después fui a verlo, esperando leer, al fin, la desesperación en sus ojos; pero ¡ca!; lo encontré sonriente, con su eterna cara de contento y... ¡más parecida que nunca a la luna llena!
Me recibió riendo a carcajadas.
-¡Ja, ja, ja!... ¡Pero qué gracioso es este chiquillo mío! Figúrese usted que estaba jugando en la orilla del río, cuando un trozo del ribazo cayó al agua y lo salpicó, y me dice: “¡Oye, papá! ¡Un charco se ha levantado y me ha dado en la cabeza!..."
Y se detuvo, aguardando, sin duda, a que yo me echara a reír.
-Pues no veo la gracia -le contesté con brusquedad y sintiendo que la cara se me agriaba por momentos.
Me miró con asombro, y luego empezó a extenderse por la suya el resplandor suave de que les he hablado, y que la tornaba casi luminosa:
De nuevo empezó a reír:
-¡Ja, ja!... ¡Esto sí que está bueno!... ¡Que no le ve la gracia!... ¡Ja, ja, ja!... ¡Que no se la ve!... Pero, venga usted acá, venga usted acá; usted ya sabe que los charcos...
No lo dejé terminar; di media vuelta y me marché. ¡Era el colmo! ¡Ya no podía resistirlo! Se hacía indispensable acabar de una vez; era preciso libertar al mundo de semejante monstruo...
Y mientras subía lentamente la colina, su risa maldita me perseguía, resonante siempre, siempre...
*
Me precio de hacer las cosas bien, y cuando resolví matar a Claverhouse estaba dispuesto a hacerlo en forma tal y con tal habilidad, que el recuerdo de mi acción no pudiera avergonzarme nunca. Declaro que aborrezco la torpeza y que siempre me inspiró antipatía la violencia y la fuerza bruta. Matar a un hombre a puñetazos, por ejemplo, tiene todos los caracteres del vandalismo, y me repugna hasta pensar en ello; de modo que la idea de disparar un tiro, clavar un puñal o asestar un golpe ni siquiera entró en mis cálculos; además, no sólo era cuestión de hacerlo bien, científicamente: quedaba por resolver la indispensable forma de evitar que pudieran recaer sospechas sobre mí.
Pensé mucho en ello, y por fin, tras una semana de trabajo mental, encontré lo que buscaba, y me dispuse a poner en obra mi pensamiento.
Empecé por comprar una perra de aguas de cinco meses, y me dediqué en cuerpo y alma a inculcarle la educación necesaria. Si alguien me hubiera observado con atención, pronto se hubiera dado cuenta de que sólo la adiestraba en devolverme las cosas que yo arrojaba lejos de mí.
La perra, a la que di el nombre de Belona, me traía los palos que le tiraba al agua, y no solamente me los traía, sino que lo efectuaba en seguida, sin vacilar, morderlos ni jugar con ellos. Le enseñé a correr detrás de mí con un objeto en la boca, hasta alcanzarme, y como se trataba de un animal listo y despierto, pronto tuve el gusto de ver que mis lecciones fueron bien aprovechadas.
En la primera ocasión favorable regalé el animal a mi enemigo, y al hacerlo, como se comprenderá, llevaba mi idea, pues de antiguo conocía su flaqueza y su hábito inveterado de infringir cierta ley de pesca.
-No -me dijo cuando le puse la traílla en la mano-, no, esto no es en serio, ¿verdad? -y se reía, con su risa ridícula, que le retozaba por toda la cara mofletuda y reluciente-. Yo... yo... pensaba... Vamos, creía, creía que... no le era a usted muy simpático -continuó el imbécil-. ¿Verdad que tiene gracia que haya vivido equivocado, eh?
Y reía, reía hasta desternillarse. ¡Canalla!
-¿Cómo se llama? -me preguntó.
-Belona.
-¿Belona? ¡Ja, ja! ¡Qué nombre más raro!
Rechinando los dientes, que su estúpida alegría me ponía de punta, le contesté:
-Belona era la esposa de Marte.
-¡Ah, ya comprendo, comprendo! Sí, claro, Marte se llamaba mi perro. Bueno, pues... ¡se ha quedado viuda esta Belona!
Ya estaba bien lejos de la cuesta, y todavía llegaban a mí sus carcajadas.
Pasó la semana, y el sábado le dije:
-Se marcha usted el lunes, ¿no?
-Sí -respondió, sin dejar de sonreír.
-Entonces, no podrá meter mano a las truchas antes de irse...
-No sé... no sé -me replicó, sin reparar en el tono agrio de mi pregunta-. De todas maneras, mañana pienso probar... ¡Ja, ja!...
Su respuesta me tranquilizó, y me marché a casa satisfecho.
Al día siguiente, muy temprano, lo vi salir con saco y red, acompañado de Belona, y como tenía la certeza del sitio adonde se dirigían, tomé un atajo y pronto llegué a la cima de la montaña, que bordeé ocultándome, hasta avistar el valle en el cual el riachuelo formaba una pequeña cascada y más allá una laguna límpida y tranquila que reposaba entre las breñas.
Era el sitio, y sentándome en el suelo entre la maleza, desde donde dominaría el espectáculo, encendí mi pipa y esperé tranquilo el desenlace.
Bien pronto, Claverhouse apareció vadeando la corriente del riachuelo, seguido de Belona, que correteaba a su alrededor. Ambos, hombre y animal, llegaban contentos, y los ladridos cortos y vibrantes del uno se confundían con los gritos guturales del otro. Ya junto al remanso, vi que Claverhouse arrojaba la red y el morral al suelo y sacaba del bolsillo algo parecido a una vela gorda y grande. Yo sabía lo que era: un cartucho de los gigantes, pues en eso consistía su sistema para pescar truchas: atontarlas o matarlas con dinamita. Le puso la mecha, envolvió el cartucho en un pedazo de tela, le prendió fuego y lo tiró con fuerza al charco.
Como un relámpago, Belona se precipitó tras él, mientras yo hubiera gritado, de puro gozo, al verlo. En vano Claverhouse llamaba a la perra a gritos; en vano la tiroteaba con piedras y ramas: el animal nadaba rápidamente, y al poco tuvo el cartucho en la boca se dirigió con él hacia la orilla. Entonces, por primera vez, pareció darse cuenta del peligro a que estaba expuesto, y echó a correr por entre la maleza. Mis planes se realizaban a la perfección; la perra, al llegar a la orilla, emprendió sin vacilar su persecución, tal y como yo le había enseñado a hacer conmigo.
¡Oh! El espectáculo era grandioso, y bien merecía el trabajo que me costó prepararlo.
Como ya he dicho, el pequeño remanso formaba el fondo de una especie de anfiteatro natural, y el arroyo tenía pasaderas de piedra a la entrada y a la salida. Claverhouse, seguido de Belona, corría dando vueltas y más vueltas de un lado a otro; ambos, pasando y repasando la corriente, como dos bolas dentro de un plato, persiguiéndose, en un divertido e interesante juego. Nunca hubiera creído que un hombre de su aspecto poseyese tal ligereza, pues Claverhouse corría con una velocidad asombrosa, mientras la perra lo seguía de cerca, ganando terreno a cada paso, a punto de alcanzarlo... Y en el momento en que se tocaban, él a toda carrera, ella con el hocico casi junto a su rodilla, se produjo la explosión: un relámpago, una nube de humo blanquecino y una detonación formidable que retumbó en la montaña... Donde habían estado el hombre y el perro no quedaba sino una hondonada en el suelo de la planicie...
*
El juez calificó el suceso de “muerte accidental en la circunstancia de hallarse pescando por medios prohibidos”.
He aquí por qué me precio de la forma delicada y artística que empleé para acabar con Juan Claverhouse. No hubo brutalidad, no hubo torpeza; nada de qué tener que avergonzarme, convendrán ustedes conmigo.
Y ya su risa infernal no repercute sus ecos entre mis queridas montañas ni me irrita la aparición de su estúpida cara de luna.
Mis días transcurren plácidos y por las noches duermo tranquilamente como un niño...


Jack London

miércoles, 1 de abril de 2015

Fernando Ugalde Pérez




Nació en Atizapán de Zaragoza en 1979 y creció en Nicolás Romero, donde estudió en la primaria Justo Sierra de colonia Libertad y la secundaria Moisés Sáenz de colonia Independencia, antes de ir al CCH Naucalpan y la FES Acatlán de la UNAM.

Obtuvo la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva con la tesina "Nicolás Romero, escenario del cine mexicano. Reportaje".
Actualmente es editor de información internacional y profesor en la misma FES Acatlán.
En 2006 condujo el programa "50 años de cine en Nicolás Romero" en Canal 77 de la TV local y en 2009 el programa "Cine hecho en Nicolás Romero en Canal 46".
Desde 2001 ha desempeñado diversos cargos en el periódico local El Informativo, ahora El Afirmativo, y es autor de la columna de identidad municipal "Nicolás Romero es nuestro", misma que ahora es también una página de Facebook que él dirige.